Imágenes de la vida parisina en el siglo XIX


Ya antes de la Revolución francesa se producían ocasionalmente ejecuciones con guillotina, pero no fue hasta 1791 cuando la muerte en el cadalso se generalizó y se aplicó a todos por igual. Hasta entonces, el estatus social y la naturaleza del delito determinaban el método de ejecución. A partir de ese momento comenzó la industrialización de la muerte, porque todos somos iguales ante la guillotina.

La limpieza del corte suponía una mayor higiene respecto a los métodos anteriores. Además, nunca se habían cortado tantas cabezas en tan poco tiempo. Ello coincide con el saneamiento de los barrios pobres de París y la apertura de los grandes bulevares, todos igualmente rectilíneos y con las fachadas de sus edificios semejantes. Una vez más, innovación tecnológica en busca de lo práctico.

Paralelamente, surgió la nueva tecnología de la fotografía. Su difusión permitió capturar la fugacidad de la vida, para así inmortalizar el instante, tanto para fijarlo para siempre como para matarlo. Junto a ella, la publicidad empieza a adueñarse de las calles y los periódicos se pegan en los muros y se venden a gritos. Todos estos cambios en el París del siglo XIX abren la puerta a la modernidad. A partir de ese momento, todo parece fragmentado, fugaz: los cuerpos, la ciudad, la poesía, la pintura. Surge así una imagen del ser humano totalmente nueva –la de un ser extraño, violento y sin cabeza– que sigue vigente hasta nuestros días.



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