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Otero, Blas de

Cuando el 29 de junio de 1979 Blas de Otero, con sesenta y tres años, muere en Madrid, dejaba tras sí una imagen de poeta popular en sombría lucha contra la dictadura franquista. Ésa es sin duda una de las caras de su vida y de su obra, cercada por la censura española de la época. Pero el poeta nacido en Bilbao en 1916 es, como todos los grandes escritores, hombre de una rica complejidad. Nada mejor para comprobarlo que la lectura de su último libro, Hojas de Madrid con La galerna, coronación de toda su obra poética.

El que se considera su primer libro, Cántico espiritual (1942), no deja de ser un breve cuaderno en el que ya se manifiesta la sabiduría formal que le acompañará siempre, más la inspiración religiosa que va a transformarse en la rebeldía de un poderoso libro de título gongorino: Ángel fieramente humano (1950), cuya removedora calidad se confirma con otro libro paralelo e inmediato: Redoble de conciencia (1951). Los dos volúmenes van a conformar, desde sus sílabas primera y última, un título conjunto, Ancia (1958), que se enriquece con cuarenta y ocho poemas inéditos. La maestría del poeta vasco brilla tanto en el soneto como en el verso libre y en la prosa, pero su expresión concentrada y severa trae un acento nuevo, que populariza su nombre como el poeta de una época. Su compromiso histórico toma cuerpo en un título que es una declaración política: Pido la paz y la palabra (1955), como su deseo de aclarar posiciones palpita en otro libro-declaración: En castellano. Prohibido éste por la censura, Pierre Seghers lo edita en París como Parler claire (1959), en edición bilingüe, y al año siguiente aparece bajo el sello de la Universidad Nacional Autónoma de México en una colección que dirige el poeta Rubén Bonifaz Nuño. El poeta español ha internacionalizado su nombre, pero en razón de las dificultades que la publicación de su obra halla en el país donde ha nacido. El proceso se reproduce con el libro Que trata de España, lírico recorrido de paisaje e historia, con edición, de 1964, repetida en tres ciudades: Barcelona, París, La Habana, con la salvedad de que la primera está amputada en casi un tercio de los poemas. Por entonces el poeta ha viajado a los países socialistas y ha recogido sus impresiones en composiciones que van a conformar Poesía e historia, libro que no logra ver la luz y queda inédito como tal. De ese tiempo es también Expresión y reunión (1969), importante antología que recoge obra desde 1941, más Historias fingidas y verdaderas (1970), libro innovador de prosa escrito casi enteramente en Cuba. En 1968 había iniciado Hojas de Madrid con La galerna, colección doble que sólo la muerte cierra. En este libro, ha señalado Sabina de la Cruz, «la muerte y la meditación sobre la vida y el destino del hombre nos acercan a la primera poesía de Blas de Otero. Hay también una inteligente mirada sobre el mundo. Y está ausente aquí, ante todo, la crispación anterior». El amor y el humor y la libertad dejan su huella decisiva en estos poemas últimos, escritos desde la difícil serenidad que el poeta había conquistado en los años finales de su vida.

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