Narrada con una fuerza inusitada y con una calidad literaria que la sitúan muy por encima del western al uso, Warlock retrata un lugar mítico, paradigma de la ciudad fronteriza, en el que la violencia de la aún joven América de finales del siglo XIX sirve de escenario no sólo a los valores más primitivos del hombre, sino también a los más elevados.