La historia contemporánea no conoce una catástrofe comparable al hundimiento de 1945. Nunca, antes de entonces, se extinguieron tantas vidas, fueron destruidas tantas ciudades y asoladas tantas regiones al derrumbarse un imperio. El hundimiento es el relato minucioso de los últimos catorce días de Hitler en el búnker, mientras los rusos conquistaban Berlín.
Lo que sufrieron y soportaron quienes vivieron el derrumbamiento del Tercer Reich no fueron sólo los inevitables horrores de una derrota, agravada por el poder destructivo de las guerras modernas. Antes bien, en la agonía con la que se apagó el imperio de Hitler pareció actuar una fuerza motriz. Ésta puso todo de su parte para que no sólo terminara su propia dominación sino para que, literalmente, el país dejara de existir. Ya cuando tomó el poder y posteriormente en varias ocasiones, Hitler había declarado que él nunca capitularía, y a principios del año 1945 aseguró: «Podemos hundirnos. Pero nos llevaremos a un mundo con nosotros.» El hundimiento narra lo ocurrido en la etapa final del nazismo.